jueves, 26 de marzo de 2009

Máscara de oxígeno

El otro día, en una serie que no llegué a identificar, una madre experimentada le decía a una primeriza culposa lo siguiente:

“Cuando hay una emergencia sobre un avión, la regla en caso de una descompresión, es que los adultos deben ponerse primero la mascarilla antes de auxiliar a los infantes y discapacitados por una sencilla razón: para evitar que el adulto capaz pierda el conocimiento y se encuentre en condiciones de prestar ayuda con tranquilidad a quienes no puedan colocarse por sí mismos la mascarilla. Si tratas de colocarle la mascarilla a un niño antes que a ti y te desvanecerías antes de completar la operación, te habrás visto muy bueno, pero también muy imbécil. Si te afecta la hipoxia antes de ponerle la máscara al niño, morirán los dos.”

La anécdota quiere mostrar que es imposible cuidar sin cuidarnos, no es egoísmo, es inteligencia. La abnegación maternal debe contemplar que debo estar entera para poder servir.

jueves, 12 de marzo de 2009

¿Por qué sí?
¡Porque SÍ!
Cuando empecé a pensar en esto de armar el blog, la primera pregunta (más bien afimación) que me surgió fue "¿Por qué no? y al responderme me di cuenta que lo más adecuado era iniciar este primer desahogo literario respondiendo por que sí.
Primero porque creo tener cosas para decir.
Segundo porque siempre, siempre, siempre lo deseé, cabría más decir que siempre lo soñé pero está tan trillada la expresión que pasa por hueca. Pero a lo que iba es que siempre quise tener una
revista. El primer intento fue al rededor de mis 10 años, y la hice a mano, con las tapas cocidas y copiada para cada uno de los pobres parientes que se vieron obligados a comprar el pegote. Un par de número después volví a conformarme con escribir el diario intimo (que después llamábamos "agenda") y alguna que otra carta.
El segundo intento llegó a los veintitantos, con nombre y todo "ex nihilo", contaba hasta con un equipo de colaboradores, pero lo de siempre... que es caro imprimir, que qué vas a escribir, que esto que aquello.
Algunos años después el deseo mutó a querer escribir un libro...
Y en todos estos años más seguido de lo deseado mi mente discurría en forma de artículos, me sorprendía a mi misma "escribiendo" mentalmente mis lucubraciones. Y hoy me doy cuenta de que las herramientas están tan tan cerca que es un pecado desaprovecharlas, con que probemos, sobran total siempre hay cosas para decir, y si a nadar se aprende nadando ( y lo comprobé empíricamente) veamos si a escribir se aprende escribiendo.