El otro día, en una serie que no llegué a identificar, una madre experimentada le decía a una primeriza culposa lo siguiente:
“Cuando hay una emergencia sobre un avión, la regla en caso de una descompresión, es que los adultos deben ponerse primero la mascarilla antes de auxiliar a los infantes y discapacitados por una sencilla razón: para evitar que el adulto capaz pierda el conocimiento y se encuentre en condiciones de prestar ayuda con tranquilidad a quienes no puedan colocarse por sí mismos la mascarilla. Si tratas de colocarle la mascarilla a un niño antes que a ti y te desvanecerías antes de completar la operación, te habrás visto muy bueno, pero también muy imbécil. Si te afecta la hipoxia antes de ponerle la máscara al niño, morirán los dos.”
La anécdota quiere mostrar que es imposible cuidar sin cuidarnos, no es egoísmo, es inteligencia. La abnegación maternal debe contemplar que debo estar entera para poder servir.
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