Pensaba en la soledad y en su inevitabilidad, o por lo menos en la inevitabilidad de sentirla. Digo sentirla porque generalmente no estamos solos, ni física ni espiritualmente, y no me refiero a lo trascendente, sino que en general siempre hay alguien que nos piensa con cariño, lo cual aniquila la soledad y ni hablar del amor.
Pero me preguntaba si era necesario sentirla, es decir, si hacia a nuestro ser tener momentos de sentirnos solos. ¿Nos hace quienes somos esos momentos de enfrentar el propio yo?
Me estoy refiriendo a la soledad frente a una decisión que es intrínseca a nuestra vida, esas que nos atraviesan, como la elección de una carrera o la identificación con una vocación.
Me refiero, también, a esa sensación que tenemos a veces de vivenciar que aunque nos comunicáramos, nadie en el mundo entendería nuestra incertidumbre, duda o ansiedad.
Pareciera que somos esas soledades, creo entrever que no solo son inevitables sino fundantes y definitivas.
Pero mi ser social no deja de preguntarme “¿y qué es de los otros?”…¿no se podría pensar, acaso, que los contactos genuinos con otros nos sirven de espejo a la hora de conformarnos nosotros mismos?
Ahora bien ¿puede haber un encuentro si no hay primero un con quien encontrarse? ¿Puede haber compañía sin soledad?
lunes, 16 de noviembre de 2009
sábado, 8 de agosto de 2009
GRACIAS
...y finalmente llegó el día en que se cayeron todos los velos y por fin entendí a mis padres. De repente me di cuenta que podía amar más de lo que imaginaba.
A mi también me llegó la gran oportunidad de salirme completamente de mi misma para mirar a alguien, a ese alguien que depende de mi completamente....y a pesar de que era tan linda esa dependencia también entendí que había que ayudarla ya desde este instante a independizarse.
Llegó el momento de crecer del todo para empezar a amar de veras.
Llegó el momento de ponerse frente a los propios límites y oscuridades…y a empezar de querer vencerlas en serio.
Llegó el momento de mirar al mundo con ojos nuevos y empezar a descubrirlo con esta pequeña infinidad (parafraseando al roquero)
Se me dió la oportunidad de reconocer a mi novio, amigo y esposo amando infinitamente a otra mujer, con un amor más puro y nuevo completando así mi alegría.
Llegó la hora de entender eso de “no hay mayor amor que dar la vida”.
Y me volví un poco más cursi, un poco más contemplativa, en boca de Francisco. “estás más buena este año seño”.
En síntesis, me volví “mamá”.
A mi también me llegó la gran oportunidad de salirme completamente de mi misma para mirar a alguien, a ese alguien que depende de mi completamente....y a pesar de que era tan linda esa dependencia también entendí que había que ayudarla ya desde este instante a independizarse.
Llegó el momento de crecer del todo para empezar a amar de veras.
Llegó el momento de ponerse frente a los propios límites y oscuridades…y a empezar de querer vencerlas en serio.
Llegó el momento de mirar al mundo con ojos nuevos y empezar a descubrirlo con esta pequeña infinidad (parafraseando al roquero)
Se me dió la oportunidad de reconocer a mi novio, amigo y esposo amando infinitamente a otra mujer, con un amor más puro y nuevo completando así mi alegría.
Llegó la hora de entender eso de “no hay mayor amor que dar la vida”.
Y me volví un poco más cursi, un poco más contemplativa, en boca de Francisco. “estás más buena este año seño”.
En síntesis, me volví “mamá”.
jueves, 26 de marzo de 2009
Máscara de oxígeno
El otro día, en una serie que no llegué a identificar, una madre experimentada le decía a una primeriza culposa lo siguiente:
“Cuando hay una emergencia sobre un avión, la regla en caso de una descompresión, es que los adultos deben ponerse primero la mascarilla antes de auxiliar a los infantes y discapacitados por una sencilla razón: para evitar que el adulto capaz pierda el conocimiento y se encuentre en condiciones de prestar ayuda con tranquilidad a quienes no puedan colocarse por sí mismos la mascarilla. Si tratas de colocarle la mascarilla a un niño antes que a ti y te desvanecerías antes de completar la operación, te habrás visto muy bueno, pero también muy imbécil. Si te afecta la hipoxia antes de ponerle la máscara al niño, morirán los dos.”
La anécdota quiere mostrar que es imposible cuidar sin cuidarnos, no es egoísmo, es inteligencia. La abnegación maternal debe contemplar que debo estar entera para poder servir.
“Cuando hay una emergencia sobre un avión, la regla en caso de una descompresión, es que los adultos deben ponerse primero la mascarilla antes de auxiliar a los infantes y discapacitados por una sencilla razón: para evitar que el adulto capaz pierda el conocimiento y se encuentre en condiciones de prestar ayuda con tranquilidad a quienes no puedan colocarse por sí mismos la mascarilla. Si tratas de colocarle la mascarilla a un niño antes que a ti y te desvanecerías antes de completar la operación, te habrás visto muy bueno, pero también muy imbécil. Si te afecta la hipoxia antes de ponerle la máscara al niño, morirán los dos.”
La anécdota quiere mostrar que es imposible cuidar sin cuidarnos, no es egoísmo, es inteligencia. La abnegación maternal debe contemplar que debo estar entera para poder servir.
jueves, 12 de marzo de 2009
¿Por qué sí?
¡Porque SÍ!
Cuando empecé a pensar en esto de armar el blog, la primera pregunta (más bien afimación) que me surgió fue "¿Por qué no? y al responderme me di cuenta que lo más adecuado era iniciar este primer desahogo literario respondiendo por que sí.
Primero porque creo tener cosas para decir.
Segundo porque siempre, siempre, siempre lo deseé, cabría más decir que siempre lo soñé pero está tan trillada la expresión que pasa por hueca. Pero a lo que iba es que siempre quise tener una
revista. El primer intento fue al rededor de mis 10 años, y la hice a mano, con las tapas cocidas y copiada para cada uno de los pobres parientes que se vieron obligados a comprar el pegote. Un par de número después volví a conformarme con escribir el diario intimo (que después llamábamos "agenda") y alguna que otra carta.
El segundo intento llegó a los veintitantos, con nombre y todo "ex nihilo", contaba hasta con un equipo de colaboradores, pero lo de siempre... que es caro imprimir, que qué vas a escribir, que esto que aquello.
Algunos años después el deseo mutó a querer escribir un libro...
Y en todos estos años más seguido de lo deseado mi mente discurría en forma de artículos, me sorprendía a mi misma "escribiendo" mentalmente mis lucubraciones. Y hoy me doy cuenta de que las herramientas están tan tan cerca que es un pecado desaprovecharlas, con que probemos, sobran total siempre hay cosas para decir, y si a nadar se aprende nadando ( y lo comprobé empíricamente) veamos si a escribir se aprende escribiendo.
¡Porque SÍ!
Cuando empecé a pensar en esto de armar el blog, la primera pregunta (más bien afimación) que me surgió fue "¿Por qué no? y al responderme me di cuenta que lo más adecuado era iniciar este primer desahogo literario respondiendo por que sí.
Primero porque creo tener cosas para decir.
Segundo porque siempre, siempre, siempre lo deseé, cabría más decir que siempre lo soñé pero está tan trillada la expresión que pasa por hueca. Pero a lo que iba es que siempre quise tener una
revista. El primer intento fue al rededor de mis 10 años, y la hice a mano, con las tapas cocidas y copiada para cada uno de los pobres parientes que se vieron obligados a comprar el pegote. Un par de número después volví a conformarme con escribir el diario intimo (que después llamábamos "agenda") y alguna que otra carta.
El segundo intento llegó a los veintitantos, con nombre y todo "ex nihilo", contaba hasta con un equipo de colaboradores, pero lo de siempre... que es caro imprimir, que qué vas a escribir, que esto que aquello.
Algunos años después el deseo mutó a querer escribir un libro...
Y en todos estos años más seguido de lo deseado mi mente discurría en forma de artículos, me sorprendía a mi misma "escribiendo" mentalmente mis lucubraciones. Y hoy me doy cuenta de que las herramientas están tan tan cerca que es un pecado desaprovecharlas, con que probemos, sobran total siempre hay cosas para decir, y si a nadar se aprende nadando ( y lo comprobé empíricamente) veamos si a escribir se aprende escribiendo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
